Había estado pensando (o no pensando) si escribir este post o sencillamente dejarlo pasar como tantos otros, pero me he decidido a darle un adiós decente a mi trabajo, honrando todos los buenos y malos momentos vividos…
En In Memoriam ya había expresado que este año había sido bastante malo pero, siguiendo el ejemplo de o-kun, creo que lo bautizaré como El año de las pérdidas. Primero fue doña Marlen, después fue Tommy, y ahora mi trabajo… Ya hasta me da miedo pensar en qué más puedo perder.
El 3 de diciembre me dijeron que no más… No me echaron ni mucho menos pero, para mí, es casi lo mismo; me dijeron que no iban a renovar mi contrato por X y Y motivos, algunos de las cuales puedo comprender y hasta compartir pero que, para mí, siguen teniendo una gran causa y que parte desde mis propios jefes aunque eso (obviamente) ellos no lo van a ver y mucho menos a reconocer.
La cuestión es que, en estos momentos, estoy realizando mi último viaje; estoy recogiendo mis cosas, despidiéndome de mis compañeros y alistando los últimos productos por entregar… No voy a negarlo, estoy/estaba inconforme con muchas cosas en mi trabajo que, con el tiempo, en vez de mejorar han ido empeorando pero la etiqueta “Beloved work” (como se llamó en un principio) fue creada con toda la intención y verdad. Me da tristeza dejar a mis profes, me da tristeza dejar cosas que siento incompletas, me da pesar no poder seguir haciendo lo poco y nada que estaba en mis manos por mejorar este país y las oportunidades de su gente (eso sonó a político barato XDD) y, en general, me da pesar abandonar el segundo mejor trabajo que yo podría tener…
Las lápidas del Cementerio siguen aumentando y, si continúo así pronto lo único que me quedará por enterrar será a mí misma…
