Terra Mors


Este es mi primer intento de cuento “largo”, el cual fue creado para un concurso pero me descalificaron porque no me dijeron que no podía participar (aunque parece que a los jurados les gustó XDDD). Sudé sangre intentando que abarcara TRES PÁGINAS y, después de tanto sufrimiento, lo logré… Los dejo en su compañía.

Leyendo el periódico como todos los días, ya se había acostumbrado a ver titulares sobre bosques sobre-explotados, derrames de petróleo en los océanos, caza indiscriminada, contaminación y demás.

Ya no se indignaba ni asombraba ante los desastres ecológicos, ni tan siquiera se interesaba por ellos, sencillamente proseguía hacia su sección favorita a ver los últimos datos sobre sus temas de interés sin importarle en lo más mínimo lo demás.

Tarde soleada, pajaritos cantarines, vientecillo fresco, hambre saciada, en la comodidad de su sillón preferido bajo la sombra del recibidor de su casa… Todo ello le produjo un delicioso adormecimiento que fue haciéndose mayor hasta que, finalmente, se rindió y se dejó llevar al país de los sueños con el periódico aun en su regazo.

El calor iba aumentando vertiginosamente, y su antes cómodo sueño se iba malogrando entre gotas de sudor. Con incomodidad y molestia se dispuso a levantarse y dirigirse al interior de su casa cuando, al abrir los ojos, no pudo disimular su asombro… ¿Dónde estaba su casa? ¿Dónde había quedado el cielo azul, el trinar de las aves y el suave viento que mecía sus cabellos? Delante suyo se erguía una desolación sin límites: árboles ennegrecidos de ramas retorcidas por el calor abrasador, tierra yerma y cuarteada, rocas y polvo donde antes había existido césped y vida, y un eterno atardecer sangriento que no dejaba ver ni un solo trozo de cielo azul.

Empezó a caminar entre las ruinas chamuscadas buscando a alguien o algo conocido pero no importaba a qué lugar dirigiera su vista, siempre encontraba el mismo paisaje devastado.

La angustia empezó a apoderarse de su ser cuando llamaba a su familia y no recibía contestación alguna y, cuando sintió que ya no podría soportar más la desesperación, lo escuchó claramente:

-¡DESPIERTA!

Al voltear a ver el lugar de donde había provenido la voz, vio una extensión de tierra, que hasta donde su vista alcanzaba a divisar, estaba llena de árboles cortados. Los pajaritos revoloteaban intentando posarse en algún sitio sin conseguirlo, otros animales pugnaban por sacar sus crías de los troncos caídos y algunos, aun más desafortunados (o afortunados) que los anteriores, yacían muertos sobre los que antaño habían sido sus hogares.

Avanzó sin sentimiento alguno buscando algún ser humano al cual preguntarle el lugar en el que se encontraba cuando todos los animales comenzaron a dirigirse velozmente hacia su posición, golpeándole con alas, patas y demás… Aunque aún no se había repuesto de la impresión, tuvo que imitar a sus agresores y correr con todas sus fuerzas, puesto que un gigantesco incendio venía consumiendo todo a su paso. Cada vez escuchaba más cercano el crepitar de la madera y los alaridos terribles de aquellos que no habían tenido la fortuna de huir y, debido a la alteración no se fijó bien dónde pisaba y cayó estrepitosamente.

Sintiendo el fuego lamer sus zapatos, profirió un grito…

-¡DESPIERTA!

Abrió los ojos de golpe y se encontró bajo un árbol en lo que parecía una elevación de tierra. El viento aullaba llevando brisa helada consigo, los nubarrones cubrían el cielo dándole un aspecto deprimente y los relámpagos se sucedían ininterrumpidamente dando periodos intermitentes de luz y oscuridad.

Se levantó con la ropa mojada y tiritando de frío pero cuando quiso bajar de aquella loma para encontrar refugio y algo con qué abrigarse, su horror fue enorme… La ladera de la montaña estaba cubierta de agua, sobre la cual se veían los techos de algunas casas.

Cadáveres de animales, junto a enseres varios e inclusive carros, flotaban siendo llevados por la corriente fangosa. Al ver tal desastre quiso romper a llorar, se cubrió el rostro para secar las gotas que corrían por él y entonces una voz le dijo al oído:

-¡DESPIERTA!

Al destapar su rostro estaba rodeado de arena y aire enrarecido. A través de sus ojos irritados vio a lo lejos una congregación de personas y animales, y con los labios resecos y las piernas temblorosas se dirigió a pedir, a rogar si fuera necesario, un poco de agua.

Al acercarse fue vislumbrando cuerpos de pieles resecas y rostros implorantes, envueltos en jirones de ropa y con un estertor saliendo de sus pulmones, los cuales luchaban con fiereza por hundir las manos o el rostro en un diminuto lodazal para intentar saciar su sed y al tiempo procuraban no ahogarse respirando en ese ambiente tóxico… Cuando le vieron acercarse, con alaridos de rabia y dolor, aquellos seres que había visto anteriormente le gritaron:

-¡TÚ ACABASTE CON LA CAPA DE OZONO! ¡TÚ AYUDASTE A ACABAR CON LOS GLACIARES! ¡TÚ PROMOVISTE ESTA SEQUÍA! ¡TÚ CONTAMINASTE ESTE AIRE! ¡TÚ FUISTE INDOLENTE ANTE NUESTRA DESGRACIA! ¡TÚ NOS MATASTE!

Sintió que todos esos seres se iban en su contra golpeándole y zarandeándole con violencia y volvió a escuchar el conocido grito -¡DESPIERTA!- para encontrarse en su cómodo sofá con el viento silbando en sus oídos y un titular en el periódico que decía : “Deja de destruir el medio ambiente… ¡DESPIERTA AHORA!… Después puede ser muy tarde.

-Todo fue un sueño- se dijo, -sólo un tonto sueño- se repitió enjugándose el sudor de su rostro cuando, al mirar su mano, descubrió una inexplicable mezcla de sangre y barro proveniente de su frente…

¡DESPIERTA!

4 comentarios hacia “Terra Mors”

  1. Como así que no podías concursar?
    Ahh parece que describes mi mundo, sera acaso que lo viste en las crónicas de la luna sangrienta.

    • Pues eso, pregunté antes de inscribirme y me dijeron que sí podía participar, pero en últimas me descalificaron… Aunque fue buena experiencia sangrar ojos y cerebro para hacer algo que se considere como un cuento, y no un fragmento de uno (fueron TRES dolorosas páginas!!!).
      En cuanto a dónde lo ví… fue en mi mente.

  2. Algunas veces es mejor quedarse dormido, dice un perezoso

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